Capacitación laboral
y educación técnica cualificada para el desarrollo indígena
La Diputación Foral de Gipuzkoa ha aprobado en su convocatoria de 2006 un proyecto que lleva por título “Capacitación laboral y educación técnica cualificada para el desarrollo indígena”. El proyecto pretende crear un Instituto Técnico en San Ignacio de Moxos, que nacerá con las especialidades de Informática, Mecánica, Carpintería-Ebanistería-Tallado y Turismo-Hostelería, para proporcionar capacitación laboral y educación técnica altamente cualificada a la población mayoritariamente indígena del pueblo y de las 39 comunidades de su entorno más próximo, varones y mujeres, jóvenes y adultos, trabajadores en activo o en paro, sin discriminar a los que abandonaron prematuramente la denominada enseñanza formal. Su objetivo es favorecer la inserción laboral de los jóvenes en especial, fomentando la producción y la iniciativa empresarial, para que sus alumnos se conviertan en actores de un desarrollo y de un mejoramiento de la calidad de vida de los ignacianos. Queremos garantizar al menos un 42,5% de mujeres entre el alumnado, reservando la totalidad de las plazas de Turismo-Hostelería y el 70% de Informática a ellas, conscientes de que será muy difícil que se inscriban en las otras dos especialidades, en el contexto de la cultura moxeña.
El Instituto Técnico Arajuruana, palabra del idioma moxeño-ignaciano que significa “nueva gente”, viene a cubrir un vacío importante o una demanda insatisfecha por dos razones. Por un lado, porque no existe absolutamente ninguna oferta educativa en San Ignacio para los alumnos que finalizan el bachiller ni para los que se quedaron sólo con la enseñanza primaria. Menos aún para los que ni siquiera completaron esta. Aquí todos tendrán cabida. Con la pobreza de la mayoría de las familias de la región, el traslado a la ciudad para continuar estudios del tipo que sean, universitarios o técnicos, les está absolutamente vetado, salvo que disfruten de alguna beca, normalmente de tipo privado. No hay en Bolivia un sistema estatal de becas ni siquiera de alcance mediano. Por otra parte, la carencia de profesionales cualificados en la región, en las especialidades con las que arranca el Instituto y en otras que se añadirán en el futuro, previa identificación de las necesidades, quedará resuelta con los profesionales de distintos niveles que podrán titularse en este instituto: Aprendiz, Mano de Obra Cualificada, Técnico Auxiliar, Técnico Medio y Técnico Superior.
Como el método de enseñanza será modular, nadie se irá con las manos vacías aunque abandone sus estudios tras completar sólo un semestre de los seis de que constará cada especialidad. Al menos tendrá el título oficial de Aprendiz, reconocido por el Ministerio de Educación de Bolivia, y podrá acceder a una ocupación laboral específica, porque en ese módulo no habrá quedado incompleta la formación que se pretendía impartir. Es decir, serán módulos estanco, aunque relacionados entre sí, para adaptarse a las necesidades o las posibilidades de cada persona, porque no todos querrán o podrán realizar los estudios completos. También tendrán la posibilidad de hacerlo de forma intermitente.
El proyecto incluye la construcción de los talleres, aulas y espacios administrativos, así como el equipamiento, tanto de mobiliario como de maquinaria, asegurando que esta esté en la vanguardia tecnológica, para que la formación sea de auténtica calidad. Incluye también la elección de los profesores, su formación pedagógica y técnica para contextualizar sus conocimientos y adaptarlos a la labor que tendrán que desempeñar, la elaboración de los programas de estudios de las cuatro especialidades con una propuesta curricular pertinente y actual, y la sensibilización social en San Ignacio y las comunidades para dar a conocer la inminente apertura del centro y garantizar una demanda que, por las necesidades de la zona ya constatadas en el proceso de identificación, estamos seguros que será enorme.
La educación, una apuesta prioritaria
En Bolivia la educación sigue siendo un privilegio. El 74% de la población de 6 a 29 años de edad asiste a la escuela. En el área urbana este porcentaje asciende al 84%, disminuyendo al 63% en el área rural.
El 17% de la población que accedió a la escuela se promociona como bachiller y de esta sólo el 4% ingresa a niveles superiores de estudio. Además, habría que subrayar que este 17% que culmina la escuela no cuenta con las habilidades, destrezas y competencias básicas que los prepare para proseguir estudios superiores o ejercer un oficio rentable y competitivo.
La falta de empleo, la pobreza y las dificultades en el acceso al trabajo afectan a todos los sectores de la población boliviana, pero en particular a la mayoría de jóvenes y adolescentes bolivianos. Se debe tomar en cuenta que, del total de la población de 10 a 19 años de edad, el 39% está incorporada como población económicamente activa, ubicándose generalmente en las categorías ocupacionales menos valoradas.
Este panorama general adquiere rasgos dramáticos en determinados municipios cuyos índices de pobreza tienden a perpetuarse por la ausencia de alternativas educativas, normalmente alejados de los centros de poder, sean nacionales o departamentales. San Ignacio de Moxos es uno de ellos, por su alto grado de marginalidad educativa y conflictividad social.
El crecimiento poblacional que está experimentando San Ignacio, porque es el municipio que mayor crecimiento urbano acredita de los 19 que existen en las ocho provincias del departamento del Beni, es otro dato a favor de la apertura de este centro, que contribuirá a disminuir en el plazo de pocos años el bajo Índice de Desarrollo Humano (IDH) de la zona.
Además, el IDH oculta las grandes brechas que se generan en el espacio urbano. El Instituto Técnico Arajuruana atenderá sobre todo a población indígena, natural del propio San Ignacio o emigrante del área rural y perteneciente en su mayoría a las culturas originarias, sobre todo la moxeña, pero también la de procedencia quechua o aymara. Gran parte de la población está dedicada a la agricultura de subsistencia, ya que las unidades familiares indígenas están ubicadas en ecosistemas frágiles y adversos a la producción excedentaria y diversificada. Estas unidades tienen una tecnología tradicional y una presencia débil en el mercado, no generan excedentes y para subsistir, deben complementar el ingreso con otras actividades productivas. Sin embargo, la falta de oportunidades en el mercado de trabajo urbano, unido a los bajos niveles de instrucción de la población citada, limita su posibilidad de acceso a ingresos fijos y suficientes.
La demanda de la población y el acuerdo unánime de las autoridades locales y de todo tipo de organizaciones, completa el abanico de condiciones que justifica con plenitud este proyecto.
En este contexto, se pretende crear el Instituto Técnico Arajuruana, al que podrán ingresar jóvenes y adultos, hombres y mujeres, mayores de 15 años de edad. Para titularse en educación técnica media se exige el nivel primario concluido. Para titularse como técnico superior, es necesario el bachiller. Este Instituto Técnico realizará ambas ofertas, porque lo que menos necesita San Ignacio es una forma sutil de discriminación por carecer de estudios previos. De hecho, tratará de repescar a los desertores del sistema formal regular y capacitar asimismo a trabajadores en activo o en paro, incluso sin la primaria acabada.
No sólo se preocupará, por tanto, de los jóvenes que concluyen su bachiller, aunque será la primera oferta educativa en la historia de la que ellos dispondrán en San Ignacio. Hasta la fecha, los pocos privilegiados cuya familia podía permitírselo o los que disfrutaban de alguna beca eran los únicos que podían desplazarse a la ciudad para cursar estudios universitarios. Entre los primeros, no figura absolutamente ningún indígena, porque ninguna familia tiene la solvencia suficiente para aguantar semejante gasto. Los pocos indígenas que están continuando los estudios en la universidad se benefician de becas, como las que concede la Escuela de Música de San Ignacio de Moxos a todos sus alumnos que finalizan el bachiller y no siguen dedicándose a la música u otras similares que destina la parroquia a los alumnos más destacados del Internado Arajuruana. Pero son excepciones en un panorama desalentador para la población indígena.
La elección de las especialidades que imparte cada centro de formación técnica se realiza de acuerdo a las características de la zona y de las exigencias de sus propios procesos de desarrollo o los de su entorno o incluso su departamento. En el caso concreto del Instituto Técnico Arajuruana, hemos escogido cuatro especialidades para empezar: Informática, Mecánica, Carpintería-Ebanistería-Tallado y Turismo-Hostelería.
Es un proyecto con una clara perspectiva de género por las medidas correctoras que hemos introducido para evitar la masculinización del centro, al reservar el 100% de las plazas de Turismo-Hostelería y el 70% de las de Informática a las mujeres.
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- Por qué las medidas de discriminación positiva para las mujeres
Bolivia es un país con profundas brechas sociales. La sociedad está organizada en torno a una red de relaciones de discriminación y subordinación, donde interviene lo geográfico (urbano versus rural), lo étnico-cultural (cultura dominante con rasgos occidentales versus culturas originarias), el género (hombre versus mujer) y lo generacional. En esta red, ser mujer, portadora de una cultura originaria y habitante u originaria del área rural significa ubicarse en el último escalafón social.
El perfil educativo de la mujer en Bolivia muestra que este servicio sigue siendo otro factor que causa y a su vez produce la discriminación entre unos y otros, entre hombres y mujeres. Si se hace un análisis de los últimos años se puede decir que el país ha hecho “esfuerzos” para que la educación sea un servicio accesible a todos. Sin embargo, estos esfuerzos no rompen la lógica de discriminación. La población urbana sigue teniendo más posibilidades de acceso que la que habita en el área rural y los hombres tienen mayores posibilidades que las mujeres. Las cifras estadísticas oficiales ratifican esta situación. Las mujeres en Bolivia no sólo acceden menos a la educación, sino que también ganan menos que los varones por trabajo equivalente.
Ante esta realidad, para evitar que también se haga palpable en el Instituto Técnico Arajuruana que proyectamos crear, porque dos de las especialidades escogidas para ofertar en su apertura (febrero de 2008) provocarán una inscripción mayoritaria de varones, vemos necesario introducir una medida radical de discriminación positiva, creando una especialidad reservada exclusivamente para mujeres, la de
Turismo-Hostelería. No porque consideremos femenina esta especialidad, sino porque no podemos sustraernos a la realidad cultural del país, en el que sigue siendo muy difícil hoy por hoy que las chicas se matriculen en especialidades como la Mecánica o la Carpintería-Ebanistería-Tallado, sencillamente porque tendrían casi con seguridad vetado el mercado laboral. Tal vez empiecen a producirse excepciones en el contexto de una ciudad grande, pero en lugares como San Ignacio de Moxos, aunque no renunciemos a las campañas de sensibilización social para subvertir este sesgo sexista, buscando estrategias para desbloquear las fijaciones culturales en la división de género en el mundo de la capacitación y del trabajo, hay que introducir medidas a corto plazo que neutralicen la discriminación de la mujer en un Instituto Técnico como el Arajuruana. Lo hacemos porque los cambios culturales de hondo calado necesitan tiempo para cuajar y no podemos estar cruzados de brazos durante años o lamentando la suerte de las mujeres, en espera de que los cambios se produzcan. Mientras tanto, se les sigue negando “de facto” la capacitación técnica y el acceso al mercado laboral altamente cualificado, por mucho que declaremos nuestras buenas intenciones.
Por esa misma razón, en una especialidad con las mismas posibilidades de matriculación para varones y para mujeres, como la Informática, igualmente apetecible para ambos sexos, hemos decidido restringir también el acceso de los varones al 30% de las plazas, salvo que las mujeres no ocupen el 70% restante al término del plazo de inscripción.
Con estas medidas, queremos contribuir al empoderamiento de la mujer, que no es otra cosa que el proceso en el que la mujer alcanza el control de su propia vida y sus condiciones. Un proceso de cambio para terminar con la dependencia, la marginación y la inseguridad, sustituidas por la independencia, la participación, la toma de decisiones y el fortalecimiento de la autoestima. Sería pretencioso pensar que con este proyecto vamos a provocar cambios estructurales tan complejos como la redistribución del poder y la destrucción de las estructuras patriarcales, pero no es menos cierto que estos cambios dependen sobre todo de la educación y de la concienciación, y que nunca podrá producirse si no contribuimos con medidas que potencien las capacidades de las mujeres y puedan permitirles acceder a la independencia económica.
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- Por qué y para qué un módulo de Informática
El siglo XXI plantea nuevos retos de coyuntura, que responden a oportunidades y amenazas del contexto. Uno de esos desafíos consiste en recrear una propuesto educativa humanística e integral, vinculándola a los desafíos tecnológicos y a las demandas cambiantes del mundo del trabajo y de las culturas en la sociedad global, contribuyendo a su desarrollo sustentable.
Una vez más la realidad nos interpela. Las nuevas tecnologías y los cambios en el mundo del trabajo, establecen nuevas desigualdades sociales, basadas en la posibilidad o no de acceder y participar en las nuevas fuentes informativas que se restringen a minorías sociales: élites intelectuales y económicas. El mundo del trabajo se complica con exigencias cada vez más especializadas para los trabajadores.
No podemos aceptar que las mayorías queden al margen de las transformaciones tecnológicas para consolidar y profundizar las injusticias. A este centre le corresponde la tarea de inculturar la educación de los pobres, de forma que estos ni sean absorbidos por la nueva cultura tecnológica como simples desarraigados usuarios, ni queden excluidos de ella por incapaces de incorporarse a este nuevo mundo.
Se trata no sólo de beneficiar a los sectores populares, en este caso concreto a los indígenas, sino de convertirlos en sujetos de su propio desarrollo. La autonomía o posibilidad de decidir y controlar los procesos en que estamos involucrados, es una condición necesaria para el desarrollo como calidad humana. Mientras sean otros quienes dicten los rumbos que debemos transitar, no será posible crear las condiciones para que todos podamos vivir en las condiciones que nos corresponde como seres humanos.
Nos mueven dos compromisos: uno, de origen interno, que es la responsabilidad de educar para la vida, que significaría la garantía que pueda tener un alumno de alcanzar las competencias mínimas para ese mundo que lo aguarda; y otro, de orden externo, que es la responsabilidad consciente de que la educación sea transformadora y liberadora de la sociedad, para lo cual es necesario impulsar un modelo de desarrollo que acople lo social, lo económico, lo político, lo cultural y lo ambiental con lo tecnológico, y nos conduzca hacia una sociedad más solidaria, equitativa y humana.
Pero sería un error promover una educación en tecnología de un modo acrítico, sin una clara perspectiva de su razón de ser y orientación frente a la visión posible o deseable del desarrollo local, nacional, regional o global.
No nos conformamos con comprar máquinas y entregarlas a un colegio con estudiantes indígenas. Lo que nos preocupa es que esas máquinas y los recursos económicos invertidos en ellas, se traduzcan en herramientas al servicio de nuestra misión.
El proyecto se propone asegurar el buen uso (intensivo y cualitativo) de la inversión realizada. No queremos máquinas apagadas, subutilizadas. Cada hora que esas máquinas están sin uso, se está perdiendo dinero y se está privando a uno de nuestros niños, jóvenes, adultos atendidos o miembros de las comunidades donde se ubican los ordenadores, de la oportunidad de acceder a un recurso que ha probado su potencial para generar desarrollo, es decir, estaríamos contraviniendo la misión del Vicariato del Beni y de la ONG Taupadak. Por eso el aula informática tendrá usos generales, más allá de la mera utilización de los alumnos del centro dentro de su programa de enseñanza.
Tampoco queremos docentes abandonados, sin apoyo en la adopción de estas tecnologías. No queremos una adopción acrítica de estas tecnologías. No queremos contribuir a la marginación, al crecimiento de la brecha digital, o nueva diferencia entre ricos y pobres.
- Por qué y para qué un módulo de Carpintería-Ebanistería-Tallado
La provincia Moxos es rica en bosques, que se alternan con las pampas en las que pastan miles de cabezas de ganado que nunca pertenecen a los indígenas. También las maderas nobles de sus selvas, la caoba principalmente, han sido depredadas casi en su totalidad. Es el enésimo expolio que sufren los pueblos indígenas de esta región, que, como los demás de Latinoamérica, siempre han padecido la maldición de su riqueza. Pero sigue siendo una tierra en la que la madera abunda y, por tanto, en la que el oficio de carpintero tiene arraigo. En este sentido, la provincia Moxos se autoabastece sin que la madera tenga un elevado costo, porque la extraen motosierristas locales que la transportan a las carpinterías sin encarecer mucho el proceso.
Sin embargo, no hay carpinteros que conozcan bien su profesión y la ejerzan con auténtica calidad. Su formación es empírica, pero denota muchas carencias, que impiden los acabados de calidad. Los propios profesionales actuales necesitan actualizar sus conocimientos y aprender cosas que nunca les enseñaron, para ser más competitivos y responder a una demanda creciente, puesto que el crecimiento vegetativo de San Ignacio es imparable, sobre todo teniendo en cuenta el fenómeno migratorio de la selva hacia los núcleos urbanos, al que la provincia Moxos tampoco es ajena.
Fiel a su tradición de grandes talladores, el pueblo moxeño puede reverdecer aquel esplendor, como lo ha hecho con su música gracias a la escuela que dirige la ONG Taupadak, de proyección internacional. Por eso, se aportará como contraparte local al proyecto un completo taller de tallado, a estrenar, con maquinaria y herramientas compradas en el 2006 en el País Vasco y trasladadas en contenedor a su destino. Su construcción y equipamiento estará financiado durante el 2006 por diversos Ayuntamientos vascos y su uso será compartido con la Unidad Educativa Arajuruana, que imparte el bachiller. Pero se construirá en las instalaciones del Instituto Técnico del mismo nombre que este proyecto propone a la Diputación Foral de Gipuzkoa. Queremos, en definitiva, que el mueble moxeño, con el complemento del tallado, adquiera una reputación que le permita ser comercializado más allá del propio San Ignacio.
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- Por qué y para qué un módulo de Mecánica
San Ignacio de Moxos depende de los motores y resolver los problemas derivados de su mantenimiento y reparación es fundamental. Es un pueblo en el que no existe tendido eléctrico, ni existirá en años, con lo que el suministro eléctrico se consigue a través de motores de gasoil que alimentan por zonas a todo el pueblo. El agua corriente, que no potable, llega a los hogares (no a todos, por desgracia) procedente de la laguna del pueblo, también gracias a motores de gasoil. Con generadores pa |